Naturaleza bífida

No hace falta que me enseñes los poros de la lengua
en señal de inocencia.
Yo te conozco y sé,
que prefieres cenar con las manos
a utilizar la cubertería de plata.

Siento esta noche la respiración metódica
de una venus atrapamoscas
segregando victoria.
No me mires con el silencio destilado
desde tus bronquios de clorofila
donde voyeurs y yonquis
disfrutan del libre albedrío.

Resérvame un hueco en horario infantil,
mientras reprimes el instinto
y guardas la apariencia
de un domingo en bicicleta.

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