La ilusión de cambiar, feliz 2014

La ilusión de cambiar es algo que no inventó Ikea. No hace falta mudarte, compra muebles nuevos. La ilusión es necesaria, pero insuficiente, para conseguir el cambio. El cambio se acumula en el escritorio, las persianas, las tazas, cojines y cajones, en todos los cajones, incluso en los de Ikea. El cambio se muere de aburrimiento, de pereza, de complejos. Mis cambios se mueren de falta de confianza y de ganas. ¿Es que ya no te gusto? Me dicen mis cambios. No eres tú, soy yo, les digo. Estoy enamorada de la idea del cambio y comprometerme rompería la magia, ¿entiendes? Recoger frutos, verme realizada, es demasiado para mí. NECESITO TIEMPO.

Cambiar es muy sacrificado. Hay que madrugar, por ejemplo. Hay que romper con algunas costumbres, vicios, tendencias naturales del ser humano, como la pereza. Tener paciencia. Paciencia. Paciencia. Y en mitad del tedio, surge la idea de otro cambio contundente, visible, que materialice lo que está cambiando de forma imperceptible. Un corte de pelo. Cambiar de ropa. Cambiar de bolígrafo. Pintar las paredes. Comprar un cactus. Volver a Ikea.

Feliz 2014.

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