Menos lobos, Scorsese

Nota introductoria
Hacer críticas de cine (y críticas en general) es una forma fácil de crearse enemistades. Una persona a quien admiro dice que los críticos de cine son directores frustrados, porque la mayoría no tiene escrúpulos a la hora de fulminar una película con solo escribir un artículo desde casa, en albornoz, sentado cómodamente en su escritorio, ignorando el esfuerzo que cuesta hacer un largometraje. Desde que decidí escribir sobre cine, muchas preguntas me asaltan ¿Por qué leemos opiniones y nos dejamos influir a la hora de ver una película? ¿Acaso tienen vidas comunes el crítico y el lector para que uno confíe en el otro? ¿Quién soy yo para inducir a una persona a que no vea una película que puede que sea la película que necesita ver en ese momento? Además, me encanta que la gente vea películas que a mí no me han gustado, ¿Hay algo mejor que criticar en compañía? Dicho esto, intentaré escribir sin ofender, sin pretender influenciar, sobre la película cuyo éxito no entiendo, y que encabeza la lista de las películas más vistas en España: El lobo de Wall Street.

El redil se impacienta, las voces anuncian la llegada del lobo. ¡El lobo! ¡El lobo! Preparo el cuello, quiero que me muerda a mí la primera, o después, y me deje igual o más muerta que al resto del mundo. Exceso de sexo y drogas, dicen ¿A estas alturas, qué hay que temer? ¿Es por eso que no gusta? Chorizos financieros, actualidad y crítica social, dicen las voces que resuenan en las montañas y atraviesan el bosque. Esto, tengo que verlo en primera línea del redil, no quiero que me lo cuenten. ¡El lobo! ¡El lobo! ¿Ya viene? No, ya se ha ido. Scorsese y Dicaprio, me han timado vilmente como lo hizo Jordan Belfort vendiendo bonos basura. Pero, ¿y el resto de las ovejas? Dicen haber visto el lobo con un manto de terciopelo y yo no sé ni de qué color tiene el rabo.

El lobo de Wall Street me ha dejado más tibia que un puchero después de medio minuto en el microondas. Quizás porque solo me entretuvo mientras esperaba algo grande. ¿Comedia? Sí. Mucho tartazo y cáscara de plátano en el suelo, o humor poco elaborado. Pero sobre todo hay una cuestión que no termino de entender cuando se califica a esta película de “bestial” por su exceso de sexo y drogas. He visto películas con más sexo vacío y con más drogas y no por ello se quedan cojas, como El lobo de Wall Street. [Continúa aquí]

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