‘Nebraska’: un viaje hacia el Dorado bajo los matices del blanco y el negro

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Emprender un viaje largo supone varios requisitos: tener dinero, tener tiempo libre y dejar atrás el miedo a lo desconocido. Woody Grant tiene mucho tiempo libre —quizás le sobre—, ya no le teme a nada y, aunque no tiene dinero, quiere ir a Nebraska para recoger un millón de dólares. Su millón de dólares. El millón de dólares que, según un folleto publicitario, ha ganado.

Woody Grant —no se sabe si viejo loco o demente senil—, desafía todos los días a su mujer escapándose de casa y emprendiendo el viaje a pie. Hasta que un día su hijo David, harto de perseguir a su padre, decide llevarlo a Nebraska. Quizás por compasión, quizás por admiración, o porque su vida necesita un impulso, David, cual escudero fiel aparca sus obligaciones para acompañar a Woody en una quijotesca aventura.

David sabe que en Nebraska no hay un millón de dólares. Lo que no sabe es que en el camino se encontrará con un hombre desconocido al que llama “papá” y viaja junto a él de copiloto.

Nebraska puede parecer fría y dramática. El uso del blanco y negro, la imagen de su cartel a contraluz, quizás den una imagen equivocada de esta bellísima historia en la que es difícil parar de reír. Diversas situaciones anecdóticas y cotidianas dan a Nebraska una profundidad vista desde la sencillez.
[Continuar aquí]

Nebraska_

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