‘De tal padre, tal hijo’. El lazo afectivo frente a la cadena de ADN

El reloj biológico, la presión social, el miedo a la desaparición y al fin de un linaje. Nada más nacer, la búsqueda de un rasgo parecido, un gesto, una garantía de autenticidad que vincule al nuevo ser con su progenitor. Sangre, carne, entrañas; materia existente, visible. Pertenencia, posesión. De manera inconsciente y primitiva, el concepto de maternidad, de paternidad, nace de lo más físico. El afecto, viene después. Con el tiempo, con el aprendizaje. O no. Puede no venir. O venir primero, sin relación genética, como le sucede al matrimonio Nonomiya, quien no tienen ni idea de que su único hijo no es suyo.

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Keita Nonomiya acaba de cumplir seis años, y ha crecido rodeado de comodidades. Su padre lo espera todo de él, su madre lo adora. Pero los sentimientos comienzan a tambalearse cuando, por casualidad, un análisis médico revela que el ADN del pequeño Keita no coincide con el de los Nonomiya. La vergüenza cubre a la familia, en un entorno donde cuenta mucho el qué dirán. Ryota Nonomiya, el cabeza de familia, se ve envuelto en un dilema moral en el que tendrá que decidir si quiere intercambiar a Keita por Ryusei, su hijo de sangre. En ocasiones resulta chocante observar cómo la cultura japonesa relega a la mujer, dejando su opinión en un segundo plano, ya sea madre, abuela o esposa, lo cual contrasta fuertemente con el concepto aperturista de “familia” que parece plantear el director, Hirokazu Kore-eda, poniendo en cuestión quién es un verdadero padre, o qué cosas definen a un verdadero padre.

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‘De tal padre, tal hijo’ enfrenta las decisiones de las personas adultas con los sentimientos de los niños. Una película que fluye de manera tan natural que parece improvisada, ya que las dos familias deben hacer frente al problema según las vivencias que van experimentando, sin saber qué es lo mejor. Koreeda sabe transmitir la emoción que contienen sus personajes haciendo uso de silencios muy bien medidos en momentos clave. Aunque en algunas ocasiones la trama resulta un poco forzada y pierde parte de la sutileza. Los dos niños protagonistas, Ryusei y en especial Keita, son las dos piezas fundamentales y las más vulnerables, que harán emocionarse al espectador, aportando el punto de vista más sincero. “De tal padre, tal hijo” recibió este pasado 2013 el premio del Jurado en el Festival de Cannes, y el reconocimiento del público en el Festival de San Sebastián. Una historia que quizás por su temática no llegue a conectar con la mayoría de espectadores, pero que en muchos momentos consigue atrapar gracias al encanto de sus pequeños protagonistas.

[Artículo para Novemagazine]

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