‘Frances Ha’, la delgada línea entre lo hipster y el postureo cinematográfico

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Ser o no ser distinto. Querer serlo, y no dar para más que cuatro modernuras que te llevan de nuevo a no ser distinto: posar con un libro, posar en bici, posar con el pelo asalvajado y posar con una cerveza. Cerveza de botellín. El concepto de hipster (a poco que se investigue un poco en Wikipedia) no debería ser peyorativo. Sin embargo, los primeros hipsters no estaban tan mal vistos como los neo hipsters. Quizás porque antes no existían las redes sociales y el postureo, herramientas que permiten dudar bastante de la autenticidad del hipster. Frances Ha podría dar el pego de película alternativa, independiente. Y probablemente pase a formar parte del pódium de películas que un hipster debería ver. Pero realmente, Frances Ha es una película prescindible.

Postureo cinematográfico resumido en: fotogramas en blanco y negro, música ochentera, intentos de buenas conversaciones, y, sobre todo, mucho sacrilegio. Su director, Noah Baumbach, toma referencias de algunos grandes del cine alternativo, como Woody Allen, Godard o Truffaut. Pero por mucho que su protagonista sea neoyorquina, viaje a París, y quiera hacerse la intelectual leyendo un libro de vez en cuando, el intento se queda en una imitación superficial de la forma que no alcanza consistencia (como un cupcake desinflado, para ser más gráficos).

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Divertida en ocasiones, la historia de Frances podría resumir la situación de muchos jóvenes luchadores e inconformistas. Podría. Pero Frances se comporta la mayoría del tiempo como una niñata. A sus 27 años está encantada de vivir en la inopia, y solo se da cuenta de que tiene que hacer algo con su vida cuando su círculo de amigos comienza a sentar la cabeza de manera tradicional: matrimonio, hijos. Entonces, llega la dicotomía: los demás son unos perdedores y ella mola, porque aún siendo una inmadura, sigue siendo fiel a sí misma. Llegado ese punto yo me pregunto qué relación tiene llevar una vida de adolescente y poco comprometida, con las posibilidades de alcanzar las metas anheladas. O por qué madurar es lo mismo que ser un borrego.

Hay algo de Frances que no me termina de convencer, quizás porque no la puedo tomar en serio, ni representa a la mayoría de jóvenes (o eso quiero pensar). Greta Gerwing, además de haber escrito el guión junto a Noah Baumbach, borda el papel de Frances: si el objetivo era parecer la versión femenina de Peter Pan, lo consigue. A menudo su mirada triste y decepcionada conquista al espectador. Porque en esos momentos parece que en el interior de Frances hay vida inteligente. Lo poco salvable de la película está resumido en el tráiler, donde además hay algunos fragmentos de la mejor escena, donde la protagonista corre por la calle melena al viento haciendo algunos giros, demostrando al mundo que quiere ser bailarina aunque lo haga de pena (muy inspiradora, donde suena de fondo la canción Modern Love, del dios David Bowie al que todo hipster debe rezar tres veces al día). Pero detrás de la bonita estética y banda sonora de Frances Ha no hay mucho más que postureo independiente, aunque su historia parezca prometedora.

Artículo publicado en Novemagazine

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