‘Jersey Boys’, los chicos que triunfaron sin ayuda de Youtube

Cuando los abuelos de Justin Bieber y Pablo Alborán eran unos chavalines, los artistas musicales tenían que dejarse los nudillos llamando de puerta en puerta para que alguien se dignara a escuchar su demo.

Los nuevos cantantes saben que Internet es el altavoz más potente. Pero antes, justo antes de Los Beatles, triunfaron The Four Seasons, una banda de los años 60 formada por cuatro chicos de barrio. Para los espectadores que han vivido mayormente en la era digital, la película Jersey Boys, puede resultar en ocasiones fascinante. El talento, la casualidad y el esfuerzo se unen de forma casi mágica para que la carrera de estos jóvenes salga a flote.

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Pero este musical biográfico, versionado y dirigido por Clint Eastwood, pierde el ritmo a penas se dan los primeros compases. Hay pocos elementos que mantengan el interés por continuar viendo esta película de dos horas y quince minutos. Y llegado el final, creo que el espectador hubiera preferido arrancarse los ojos a tiempo antes de presenciar un prólogo con exceso de látex facial. La música, el continuo afán de supervivencia de la propia banda, hace que la película avance siempre con el agua al cuello, esperando remontar en la próxima brazada. Pero no termina de fluir. Esto hace que no haya drama en los momentos en los que debería haber drama, ni tensión alguna cuando todo está a punto de desmoronarse.

El actor Christopher Walken (Sleepy Hollow, Pulp Fiction) interpreta el papel de Gyp DeCarlo, el padrino mafiosillo que apuesta por el grupo. Sus apariciones hacen que la trama se ponga interesante, o al menos, que el espectador preste atención. Resulta llamativo también el personaje de Bob Gaudio, el compositor del grupo, quien aprovechaba cualquier anécdota como inspiración para crear sus canciones. Así, puede verse en la película cómo algunos de los grandes éxitos surgieron de una simple frase, o de situaciones absurdas.

Los chicos de Jersey romperán la cuarta pared para dirigirse al espectador en numerosas ocasiones, y narrar así su propia historia. Un recurso muy fresco que causa reclamo, pero que perderá su efecto por exceso y rematará la película dejando una sensación de empacho.

Artículo publicado en Novemagazine

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