‘Boyhood’ el arriesgado negocio de invertir años

Confiar en el paso del tiempo es una de las empresas más difíciles. El futuro no existe, solo la posibilidad de que mañana todo seguirá hacia delante, según los pasos tomados. Confiar y cruzar los dedos sin pensar en cataclismos, contratiempos irreparables o la propia muerte. El instante fugaz, que mirado a largo plazo suma una cuantía de años impensables al mirar hacia atrás. Así es el día a día, lleno de momentos insignificantes que parecen no aportar nada, pero que pesan más de lo que parece. El protagonista de Boyhood, Mason, a penas se da cuenta de ello, como todos los niños. Pero sí su madre, quien levanta la vista después de haber trabajado duramente para que Mason y su hermana Samantha puedan tener una infancia normal.

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Y eso es lo que muestra esta película, la lucha constante por conseguir una vida normal, compuesta de pequeños logros y situaciones dolorosas en sus diferentes etapas. “No mires atrás”, dice la madre de Mason en una escena decisiva en la que literalmente, abandonan por patas todo lo que tienen. Patricia Arquette, quien interpreta a la madre de Mason, será quien avance constantemente, y quien llegado el momento, se detenga a contemplar la vida de sus dos hijos convertidos en incipientes adultos. Por otro lado, el padre de los chicos, Ethan Hawke, representa esa otra parte insegura que duda de cada decisión tomada; una persona que puede decepcionar en ocasiones, pero nunca vivirá de forma mediocre o actuando en contra de sus principios.

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Emplear 12 años en hacer una película con los mismos actores es un proyecto de locos. Imagino en un principio a su director Richard Linklater cerrando los ojos ante la innumerable lista de imprevistos que surgirían en el futuro, y aún peor, aceptando que una vez pasado el tiempo, las secuencias de los primeros años ya no se podrían cambiar (al menos, en las que intervienen sus protagonistas). Si ya de por sí trabajar en un proyecto cinematográfico a corto plazo implica tener una visión creativa amplia y trabajar con manga ancha, realizar un largometraje en un espacio tan prolongado significa contar con el azar como ayudante de dirección. En 12 años la película Boyhood se ha desarrollado claramente sobre dos guiones básicos: uno, el estructural; el que agrupa a sus protagonistas principales y genera su historia personal, la más íntima y moldeable a través de los años. Y el otro, muchísimo menos cerrado, casi inexistente, que se ha ido creando según las circunstancias externas y según los acontecimientos históricos contemporáneos reales.

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Algo que caracteriza a esta película es la tremenda intuición con la que ha tenido que trabajar Richard Linklater y su equipo. Es capaz de recoger aquello fundamental en la infancia de cualquier niño de clase media occidental, pero también es consciente de que las circunstancias históricas son inherentes al desarrollo de una persona. Por ello, el espectador puede ver cómo la vida de Mason se ve influenciada por acontecimientos como la guerra de Irak, la candidatura de Obama a la presidencia, el fenómeno Harry Potter o el nacimiento de Facebook.

Tal y como dice el proverbio: “La paciencia es un árbol de raíz amarga y de frutos dulces”, y Boyhood es la recompensa a un trabajo basado en la confianza de las propias ideas.

Artículo publicado en Novemagazine

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Darío Carmona dice:

    Magnífico Laura =)

    Me gusta

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