‘God help the girl’, sintonizando la voz interior

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Los demonios de la cabeza no respetan las horas de sueño. Los problemas se propagan aprovechando el silencio antes de dormir. No hay obstáculos para la culpa. No hay lugar donde ocultar la frustración. Afortunadamente, existe algún método para tranquilizarse hasta que llegue Morfeo. Algunos rezan e intentan escuchar la voz de Dios. Otros, se refugian en el espacio radioeléctrico. Eve sintoniza todas las noches su programa musical favorito, el santuario perfecto en el que consigue evadirse, donde no hay lugar para las interferencias.

Eve está lejos de su casa, sin perspectivas y sin una idea clara de cómo salir de la oscuridad donde se adentró hace tiempo. Su determinación por salir adelante contrasta con su poca autoestima. Un problema que James tratará de solucionar desde que se conocen. Eve es especial, y tiene un don para componer canciones. Pero ella no es capaz de verlo hasta que James la anima a formar una banda de pop junto a otra chica llamada Cassie.

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God help the girl es una joya audiovisual que ningún friki de los musicales debe perderse. Para esos otros espectadores que no se acaban de encontrar cómodos con este género, puede ser una grata sorpresa. La trama se enreda con las piezas musicales de una forma tan natural que ninguna canción parece inoportuna. Ello se debe en gran parte a que la película ha sido creada para las canciones, y no las canciones para la película. Las letras sostienen toda la carga emocional, y hacen avanzar la historia convirtiendo cada pieza en un elemento imprescindible.

Stuart Murdoch, quien lleva toda su vida dedicada a la banda de indie escocés Belle and Sebastian, se atreve a escribir y dirigir su primera película. Una obra musical que, ensegún él, surgió a través de la necesidad de agrupar una serie de canciones que había visionado claramente para un proyecto cinematográfico. Y después de diez años dándole vueltas, por fin ha podido materializarlo. Su director ha reconocido que el buen resultado de God help the girl se debe en gran parte al equipo de buenos profesionales con el que ha contado.

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Entre ellos se encuentra, por ejemplo, Barry Mendel, el productor de las películas de Wes Anderson The Royal Tenenbaums y Academia Rushmore. Y su influencia se nota en la estética envolvente y mágica. La voz de la protagonista, Emily Browning, es un descubrimiento. Su estilo delicado contrasta con la dureza y la desesperación de algunas canciones. Quizás sea este el encanto de ‘God help the girl’, un cuchillo azucarado que se hunde en la garganta, para extirpar la realidad más dolorosa.

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