‘Yo maté a mi madre’, Xavier Dolan confiesa por todos nosotros

Está muy bien venerar la tortilla de patatas materna más allá de las fronteras del hogar. Todos somos embajadores del amor de nuestra madre, y todos nos preocupamos por corresponder ese cariño desinteresado. Sí. Eso es lo normal, querer a las madres. Es de humanos, de mamíferos. Si no, seríamos lagartos y viviríamos en una serie de televisión llamada V.

Cualquier acto despectivo hacia el ser que nos dio la vida sería suficiente para escupirnos a la cara, por malos hijos. Porque nadie jamás se avergüenza de su madre, ni reniega de ella, ni pronuncia esa frase aniquiladora: DÉJAME YA, PESADA (frase que tiene un efecto de 20 minutos en las madres más rencorosas). Y nunca, nunca, nunca, ponemos los ojos en blanco cuando se dan la vuelta, ni les hacemos el vacío; porque siempre, siempre, siempre, sus palabras acarician nuestros corazones como una plumilla blanca y delicada.

Xavier Dolan, sin embargo, nació como cineasta confesando todo aquello que no soportaba de la mujer que lo trajo al mundo. Presentó su primera película allá por 2009, ‘Yo maté a mi madre’,  siendo tan bruto como simple. Primeros planos y declaraciones sonrojantes, capaces de convertir al espectador en íntimo cómplice del crimen: mírame de cerca, tú también has matado a tu madre alguna vez.

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Imagino que a otras personas odiar a su madre les parecerá un pecado. Qué hipócritas. Seguro que también odiaron a sus madres. Quizá un segundo, o todo un año. Puede que más, pero lo han olvidado. Qué me importa. También lo han hecho.

 A pesar de esa inquina declarada abiertamente en primera persona a través de Hubert —personaje principal que el mismo Dolan interpreta—, el lazo afectivo no termina de romperse. Y por mucho que Hubert se crispe y explote, y se sienta cada vez más alejado de su madre, siempre habrá un resquicio por donde se cuela el amor. Existe una pequeña voluntad, quizás instintiva, que empuja siempre a este feroz adolescente hacia los brazos de su madre, para intentar recuperar el vínculo de la infancia. Pero ambos se sienten defraudados el uno con el otro, la traición es bilateral, y la desconfianza es una brecha abierta entre los dos, cada día más profunda. Pese a todo, Hubert quiere a su madre, y ella no se cansará de luchar por él, a su manera.

¿Qué harías si me muriera hoy?

Me moriría mañana.

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Es complicado medir la fuerza de Dolan. Algunos consideran demasiado artificioso su lenguaje, su forma despreocupada de hacer cine (despreocupada, que no descuidada). Pero precisamente ahí reside su encanto para aquellos que lo admiramos. Xavier Dolan utiliza todo lo que considera oportuno, recurre a cualquier tipo de música y emplea sin prejuicios cualquier recurso expresivo que considere necesario (O lo que es lo mismo, hace lo que le da la gana).

‘Yo maté a mi madre’ es un muestrario de miserias internas, una reflexión sobre todo aquello que no debemos sentir y es mejor ocultar. Cuanta más verdad y desnudez encierra una obra, más riesgo existe de ser venerada o incomprendida. En este caso, me acojo a la frase que recientemente lanzó Muñoz Molina en un artículo: “Quien no pueda vivir con la inseguridad permanente, con la sensación de vulnerabilidad por mostrar en público un trabajo que tiene tanto que ver con su propia vida, quizás debe dedicarse a otra cosa”. Xavier Dolan confesó por todos nosotros, y esperemos que siga dedicándose a ello por mucho tiempo.

Artículo para Novemagazine

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