‘La cumbre escarlata’: lo que del Toro se llevó

Artículo para Novemagazine

Mucho ha llovido desde que Escarlata O’Hara dijera con el puño alzado que no volvería a pasar hambre, allá por 1939. No sabemos si ella sigue viviendo en Tara, su mansión sureña, con el estómago satisfecho. Por el contrario, son muchos los personajes de cine que mueren de inanición, pese a su buena posición social adquirida de nacimiento. Guillermo del Toro no ha escatimado en caprichos para enaltecer la buena alcurnia de los protagonistas de su última película: actores de prestigio, escenarios majestuosos y un vestuario de ensueño. Sin embargo, Edith, Lucille y Thomas —protagonistas de ‘La cumbre escarlata’—, por dentro están más secos que la plantación de O’hara en tiempos de guerra.

Guillermo del Toro presenta una película famélica con demasiadas lagunas, que deja al espectador con las tripas rugiendo. Solo es posible alimentarse con la cáscara: recrearse en la grandiosidad visual de esta película es lo más sensato para compensar la insatisfacción. La primera incongruencia se presenta cuando la joven escritora (Edith), comienza a demostrar su evidente tontuna. Tonta, tonta, hasta decir basta. Tontos que escriben hay muchos, pero sin duda Edith es la representación clara de que la escritura no necesariamente implica uso de razón.

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¿Por qué hay escenas tan patéticas, tan carentes de lógica que me recuerdan directamente a ‘Scary Movie’? ¿Es tan difícil conciliar los altísimos presupuestos de una película con un buen guión? Yo solo me conformaba con una historia bien contada, con personajes que huyen de la muerte y no se merecen morir. Pero me encuentro frases como: “Tenía la mirada llena de odio e inteligencia”, dignas de encabezar el podio de frases más ridículas de la historia del cine. Ya que, una cosa es intentar hablar como en el siglo XIX y otra es unir sustantivos alegremente para engordar una frase porque sí. Obscuramente defraudada me hallo en el fondo vitamínico de mi ser (digo yo). Quizás la esporádica verborrea de Edith tenga su explicación en que ve fantasmas. O en la traducción al castellano de la frase original. Dejémoslo ahí.

Sobre Mia Wasikowska, Jessica Chastain y Tom Hiddleston no hay nada que objetar. Es una maravilla verlos en pantalla, y su presencia desprende un hechizo que por momentos hace olvidar que estamos ante una película que a duras penas consigue el aprobado. Especialmente agrada ver a Wasikowska y Hiddleston desempeñando papeles de personajes oscuros, góticos, de aire vampírico (ambos coincidieron también en ‘Solo los amantes sobreviven’, de Jim Jarmusch), los cuales tienen un encanto único a la hora de encarnar personajes misteriosos.

‘La cumbre escarlata’ sucumbe poco a poco hasta hundirse en una batalla final donde las risas, para mal, están aseguradas. Una viscosa superproducción donde Guillermo del Toro se enfanga en lo superficial, y no consigue encadenar nuestras almas a la casa que vomita sangre.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Yazz dice:

    La trama es más que previsible… Pero visualmente es muy bonita.

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    1. Y es una pena… yo traté de concentrarme en lo visual, pero aún así se me quedaba demasiado coja.

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  2. pauladegrei dice:

    Muy buena crítica!

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    1. Muchas gracias, Paula.

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