‘Langosta’: teoría crustácea del apareamiento moderno

Artículo publicado en Novemagazine

Crítica con spoilers

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Sea usted bienvenido a la representación tremendista de las relaciones amorosas en una sociedad hipotética donde las personas solteras son lo más parecido a un delincuente. Estar solo supone un peligro para la integridad del sujeto y quienes lo rodean. Por ello es necesario el aislamiento y la reinserción inmediata. Si el soltero en cuestión no es capaz de encontrar pareja en poco más de un mes, se entiende que jamás lo conseguirá, al menos, siendo un humano. Así que, ¿para qué sufrir sin comerse una rosca, si los animales están todo el día fornicando? Lo más sensato es cambiar de especie. Cualquiera es válida.

Respaldados por esta teoría que busca, ante todo, en el bienestar de la persona y su comunidad, esta sociedad hipotética dispone de centros para emparentar al 100% de la población. El pobrecito de David (Colin Farrell disfrazado de Joaquin Phoenix en ‘Her’) será el encargado de enseñarnos en primera persona las crueldades que se dan en este tipo de residencias pro casamientos, que son algo así como la evolución nazi de Meetic y Tinder. Así pues, el espectador asistirá a una serie de metáforas realmente ingeniosas donde podrá verse reconocido y sobre las que podrá reflexionar sobre la imposición férrea de la monogamia.

Yorgos Lanthimos (director y coguionista) utiliza sarcasmo del heavy: tanto y tan gore que reírse en algunas escenas supone explorar los propios límites de la psicopatía. En la primera parte de la película vemos a David intentando adaptarse a las normas. Para ello, todos los días deberá cumplir con los ejercicios de adoctrinamiento que, quizás, en la vida real se dan de manera más sutil. Como evitar la masturbación y las relaciones sexuales fuera del matrimonio, o asistir a representaciones teatrales didácticas que muestran la soledad como el medio más seguro de acabar muerto. Gracias a su amigo el cojo, David se dará cuenta de que la manera fácil y rápida de obtener pareja es fingir y autolesionarse continuamente (si fuera necesario). Así que, como algunas personas en la vida real, prefiere estar mal acompañado que solo, incluso llegando a sacrificar (literalmente) el vínculo con sus seres más allegados. La muerte de las relaciones con los amigos y la familia —gracias a una pareja tóxica—, queda muy bien representado con la muerte del perrito, tanto que es casi posible vomitar. He aquí la metáfora culmen, con la que Lanthimos se corona. Pero de aquí en adelante todo lo que sucede cuando David se escapa de su internamiento forzoso pierde la relación con la realidad.

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Lanthimos se preocupa obsesivamente por establecer una caricatura constante donde el espectador pueda reconocerse, pero esto solo sucede en la primera parte. Porque cuando su protagonista, David, se escapa y llega al bosque, ‘Langosta’ se convierte en una obra con caparazón propio donde es difícil sentir el pulso de la sociedad actual. Sigue siendo original la idea transversal y el humor agrio se mantiene. Pero en el bosque se rompe el paralelismo con la realidad que viene dándose. Y esto sucede justo cuando la líder de los “salvajes” (LéaSeydoux) explica a David que no está permitido flirtear ni tener relaciones sexuales con otros, aunque sí se permite la masturbación. En este momento la película sufre un bajón importante, porque Lanthimos retrata que el ser humano, en su obsesión por la autosuficiencia, no se relaciona sexualmente, sino que se refugia en la masturbación como método seguro para mantenerse lo más solo e independiente posible. Sin embargo, lo contrario a la vida en pareja (y más realista) es el sexo sin ataduras. Lo antagónico a compartirlo todo exclusivamente con una persona no es aislarse por completo hasta el punto de solo practicar sexo con uno mismo, sino algo más difícil todavía: la conquista de la autosuficiencia absoluta viene dada por la capacidad de mantener relaciones sexuales despojadas por completo de un vínculo afectivo. El mundo no aspira a ser un lugar de pajilleros. Por muy independiente que sea una persona, (tan independiente hasta el punto de cavarse su propia tumba) casi nadie prefiere el sexo en soledad. Por ello la parte que se desarrolla en del bosque se queda en lo superficial y anecdótico, porque se hace más difícil la identificación. Si en lugar de prohibir las relaciones sexuales en el bosque hubieran sido libres y lo prohibido fuera enamorarse o escoger en exclusiva a una persona, la fuga de David con la mujer miope (Rachel Weisz) tendría más sentido. La ceguera escogida, la obsesión por crear un mundo propio y aislado a pesar de las posibilidades de libertad culminaría con ese rechazo a los extremos.

Sin embargo, esa imagen de “amor ciego” resulta una representación torpe, una conclusión tosca, después de todo el mundo simbólico que Lanthimos se ha preocupado en edificar desde los cimientos. El cliché metafórico de los enamorados que no ven, cierra con pinzas una historia de amor que acaba convertida en una animal aparatoso, frío y desagradable, como la propia langosta.

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