‘Anomalisa’, no somos nada

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Artículo para Novemagazine con motivo del XXV Festival de cine Fantástico Málaga

Anomalisa

 

De vez en cuando el ser humano tiene la ligera sospecha de que es un trozo de carne como cualquier otro. Podríamos hablar de tú a tú con la pechuga de pollo envasada que yace en la cámara frigorífica del supermercado. La existencia no significa nada, somos materia en descomposición. No quiero ser cruel, para eso ya está Charlie Kaufman, director de ‘Anomalisa’, quien utiliza simpáticos muñecos para contar una historia sobre el sinsentido de la existencia. O sobre el sentido mecánico de la existencia. En cualquier caso, desolador.

El protagonista de ‘Anomalisa’ Michael Stone es un intelectual que ha alcanzado el éxito: tiene una familia, dinero y reconocimiento. Sin embargo, su vida es tan imperfecta como el acabado de su rostro. Es un personaje animado que hace cosas impropias de lo que se espera, como aburrirse en una habitación de hotel, fumar o practicar sexo. Precisamente ello lo acerca a la condición de humano, y el humano-espectador puede verse reflejado en la anatomía de un personaje formado por piezas. A través de la animación, un género que resulta amable, ‘Anomalisa’ juega al choque de contrarios para adquirir un tono inevitablemente irónico. Kaufman representa durante la primera parte del metraje lo que podría ser la situación de un hombre con una vida normal, tan normal, que al principio la película llega a ser tediosa. Las pequeñas píldoras de humor sarcástico conseguirán que el espectador se acerque a Michael Stone poco a poco, hasta convertirse en cómplice de su estupidez. Tampoco resultará difícil reconocerse en los delirios de un personaje que actúa según los impulsos generados en su sistema, el que trae de fábrica, el que hace que al final todos nos comportemos según patrones establecidos.

Kaufman plantea a través de Michael Stone que la insatisfacción acaba volviendo como un boomerang, y que es imposible escapar de ella. El hecho de romper con la rutina y lanzarse hacia una vida idílica en el fondo no trae muchas novedades. En definitiva, el desencanto se acaba imponiendo en cualquiera de los ámbitos de la vida si se pierde la capacidad de buscar el detalle, la pequeña anomalía que da sentido a la existencia.

 

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Fotos:

1: Associated Press /New York Times

2: Chris “Toots” Tootell /SFGATE 

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