Sylvia, ¿dónde coño estás?

Tuve que ser grosera para que el libro se diera por aludido y supiera que de verdad lo estaba buscando a él, y no a otro. Hay libros orgullosos, o demasiado humildes, nunca he tenido claro el límite entre la excesiva modestia y la ligera soberbia. Y era eso, gritar mentalmente o susurrar al bibliotecario…