Cuando la zona de confort comienza ser incómoda

Sandy se regodea en su propia desgracia un sábado por la noche. Le gusta mirar al vacío con ojos de cordero degollado y sentir que su vida vale menos que la gomina barata que usa Danny, su chorbo ideal. “Sé que soy una tonta dispuesta a esperarte sentada”, canta, con la cabeza apoyada sutilmente sobre…