Sylvia, ¿dónde coño estás?

Tuve que ser grosera para que el libro se diera por aludido y supiera que de verdad lo estaba buscando a él, y no a otro. Hay libros orgullosos, o demasiado humildes, nunca he tenido claro el límite entre la excesiva modestia y la ligera soberbia. Y era eso, gritar mentalmente o susurrar al bibliotecario…

No quise despedirme

Dejé mi recuerdo impreso con efectos de traición lumínica, cegadora, insospechada. Coloqué mi ausencia en la silla, y de ahí no volvió a levantarse, cumpliendo con la promesa de fidelidad eterna que delegué en su persona. No quise despedirme, y a menudo me tropiezo con la versión abominable que de mí anda suelta. Conmigo quedarán…

Naturaleza bífida

No hace falta que me enseñes los poros de la lengua en señal de inocencia. Yo te conozco y sé, que prefieres cenar con las manos a utilizar la cubertería de plata. Siento esta noche la respiración metódica de una venus atrapamoscas segregando victoria. No me mires con el silencio destilado desde tus bronquios de…