Sylvia, ¿dónde coño estás?

Tuve que ser grosera para que el libro se diera por aludido y supiera que de verdad lo estaba buscando a él, y no a otro. Hay libros orgullosos, o demasiado humildes, nunca he tenido claro el límite entre la excesiva modestia y la ligera soberbia. Y era eso, gritar mentalmente o susurrar al bibliotecario…

Cuando la zona de confort comienza ser incómoda

Sandy se regodea en su propia desgracia un sábado por la noche. Le gusta mirar al vacío con ojos de cordero degollado y sentir que su vida vale menos que la gomina barata que usa Danny, su chorbo ideal. “Sé que soy una tonta dispuesta a esperarte sentada”, canta, con la cabeza apoyada sutilmente sobre…